lunes, 31 de diciembre de 2012

La Inteligencia Emocional de Tito entrenador del Barça


1. Tito tiene un mensaje directo y sincero, muy para el futbolista

Una de las virtudes que más valoran de Tito sus jugadores es su manera de transmitir, ese mensaje sincero y directo: el técnico dice exactamente lo que quiere decir y eso lo hace muy entendible para el futbolista, incluso aunque no sea algo agradable.

2. Las broncas y avisos individuales nunca son ante todo el grupo

En esa misma línea, Tito tiene claro que hay asuntos que mejor hablarlos en privado con los jugadores. Sobre todo cuando se trata de dar un aviso o, más aún, una bronca individual, el entorno importa. La intimidad evita el agravio y eso lo valora la plantilla.

3. La ausencia de intermediarios lo acerca al jugador

Es, precisamente, esa comunicación lo más directa posible lo que minimiza el riesgo de la mala interpretación de lo que uno dice. Tito habla claro a sus futbolistas y el tú a tú, especialmente en los asuntos más particulares, pone a resguardo el mensaje y la relación.

4. Su atención a la cantera, pero no a costa de la jerarquía

Dar cancha a la cantera no se negocia en el Barça del Siglo XXI. En el inicio de la temporada, Tito ha confiado en los Thiago, Tello, Sergi Roberto o Bartra, pero siempre transmitiendo la sensación de que había partidos para consolidar la jerarquía del vestuario.

5. Una comunicación fluida y natural con todo el staff técnico

Es una extensión de su relación con el jugador: Tito aplica un criterio similar a la hora de consultar asuntos con su staff, ya sea con técnicos, médicos o fisioterapeutas. Manda la naturalidad, la comunicación. Pregunta lo que necesita, medita y actúa.

6. Ser cercano no implica perder autoridad: ya los entrenó de niños

El talante llano de Tito no merma su autoridad. Todos hablan de su fuerte personalidad. El respeto se lo ganó hace mucho, no sólo como 'segundo'. Para Messi, Cesc y Piqué, a quienes dirigió en el cadete, es el maestro que tuvieron de niños. Y eso no se olvida.


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martes, 6 de noviembre de 2012

Jürgen Klopp (45 años) llegó de puntillas al banquillo del Borussia Dortmund en 2008


Jürgen Klopp (45 años) llegó de puntillas al banquillo del Borussia Dortmund en 2008 y con la única experiencia de su paso por el Mainz ha sido capaz de hacer que el equipo alemán pase de coquetear con el descenso a entrar en Europa primero, para, después, conquistar las dos últimas Bundesligas. Y su método fue sencillo: juventud, cantera y fútbol ofensivo.Cierto es que la delicada situación económica del club no le permitía otra pero acertó de pleno con sus planteamientos. Dio la vuelta al equipo hasta el punto de apostar por jóvenes como Sahin, Hummels, Götze o, el ya jugador del Manchester United, Kagawa, capaces de romper la supremacía del todopoderoso Bayern. Esa apuesta ha sido recogida en más de una ocasión porAngela Merkel como ejemplo a seguir. La canciller alemana quiere que su Alemania sea como el Borussia: joven y arriesgado. "Mi equipo sirve para enterrar viejos fantasmas del pasado alemán", comenta Merkel.

Klopp es todo cercanía, proximidad, espontaneidad, la misma que le llevó ayer a bromear con el ya legendario episodio de la portería del fondo sur de hace catorce años. Aficionado e incluso periodista que se acerca a él, obtiene respuesta e incluso café o cerveza si la situación acompaña. La Ciudad Deportiva del Borussia Dortmund se ha convertido en centro de reunión de los seguidores del actual campeón alemán. Le gusta conocer de primera mano lo que piensa la gente de él, de su equipo, de lo que hace bien o mal. Le gusta que le examinen al detalle como él hace con los rivales. Los desmenuza por completo, tanto que prepara vídeos para que sus jugadores en el descanso veanmovimientos de los contrarios.  Y es que un auténtico maniático de la tecnología y la psicología. En su manera de llevar el grupo y todo lo que le rodea mucho tiene que ver su completa formación académica con dos títulos universitarios a sus espaldas.

Futbolista de segunda fila, nunca llegó a jugar en la primera división alemana ni como delantero ni como central, esa frescura que quiere dar a todo lo que hace, le llevó a estar señalado en sus inicios en el banquillo del equipo de la cuenca del Rhur. Y es que no se sorprendan si hoy el Borussia Dortmund marca un gol y Klopp es el primero, vestido en chándal por supuesto, en abrazar al autor del gol o en darse una carrera por toda la banda del Bernabéu. El éxito y los resultados han conseguido cambiar el rumbo de las críticas. Tanto es así, que en Alemania le sitúan como relevo en el banquillo de la selección alemana de un cansado Joachim Löw, dicen que frustrado ante la superioridad española. Su contrato termina en junio de 2014, momento en el que Löw parece decidido a decir adiós al combinado teutón.

Esa manera de ser le ha llevado a granjearse una gran popularidad en Alemania, algo que también ha contribuido su matrimonio con una autora de libros infantiles. Esa imagen le ha llevado a ser pieza codiciada por la marcas comerciales que quieren asociarse al técnico del Borussia Dortmund, colocándose en el ránking por delante de Beckembauer. Por algo es el entrenador de la calle, tal y como anuncia la gorra que solo se quita para los partidos de la Champions por exigencia de la UEFA. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Jürgen Klopp del Brussia


Juergen Klöpp. (AFP)
  • Utiliza el vídeo no sólo en la preparación previa a un partido sino también en los intermedios de los compromisos
  • Contra el Schalke, intentó un experimento fallido con una defensa de tres
  • Frente al Real Madrid volverá a su habitual 4-5-1
Ellos contestan al Bayern. Los éxitos recientes del Borussia Dortmund -dos títulos ligueros y una Copa de Alemania en las últimas dos temporadas- están asociados inevitablemente al nombre de Jürgen Klopp, uno de esos jóvenes entrenadores alemanes caracterizados por un trabajo casi científico para preparar cada partido. Curiosamente, al igual que otros técnicos con características similares, como Jürgen Klinsmann o Joachim Löw, Klopp procede del suroeste alemán (nació en Stuttgart, en 1967). Su carrera futbolística ha estado centrada más al norte, primero en el Maguncia 05, donde hizo prácticamente toda su carrera como jugador, sin subir nunca de la Segunda división, y comenzó su vida de entrenador. Y desde 2008 está en el Borussia Dortmund.
Klopp lleva su obsesión por el análisis de situaciones individuales al extremo de utilizar el vídeo no sólo en la preparación previa a un partido sino también en los intermedios de los compromisos, con el propósito de corregir errores propios o detectar problemas del rival que pueden ser explotados.
En la banda se ve otra faceta de su personalidad, altamente emocional y extrovertida, que, según como se desarrolle el partido, se refleja en expresiones de júbilo o de desesperación o, en ocasiones, en continuas conversaciones con el cuarto árbitro o con el entrenador del equipo rival. Con el Dortmund, en la primera ronda del torneo alemán de la temporada 2010/2011, tuvo el mejor comienzo de la historia de la Bundesliga con 14 victorias, un empate y dos derrotas.
Ese arranque excepcional fue la base para que al final de la temporada el Dortmund se convirtiera en el campeón más joven de la historia. El promedio de edad de la totalidad de los jugadores utilizados fue de 24,2 años pero en gran parte de los partidos el promedio estuvo incluso por debajo de los 23 años. En su primera temporada al frente del equipo, el Dortmund fue sexto, quedándose por poco por fuera de las competiciones europeas. En la segunda llevó al equipo a la Liga Europa y en la tercera, contra todo pronóstico, lo convirtió en campeón. En la cuarta logró el doblete.
La apuesta de Klopp por un grupo de jugadores jóvenes fue vista, en la temporada del primer título, con cierto escepticismo por muchos, sobre todo después de que en la primera jornada el Dortmund perdiera por 2-0 ante el Bayer Leverkusen. Con el paso de los partidos, sin embargo, fueron llegando los éxitos del Dortmund y la falta de experiencia dejó de ser un argumento.
Tras el título, muchos creyeron que en la siguiente temporada habría un bajón. La marcha de Nuri Sahin al Real Madrid era un argumento más para los agoreros. Klopp, sin embargo, tras un comienzo con algunos problemas, logró reinventar al Dortmund. Al final, la campaña fue todavía mejor que la anterior, hasta tal punto que, después de la final de la Copa de Alemania ante el Bayern en el Estadio Olímpico de Berlín, Karl Heinz Rummenigge reconoció que en ese momento había un equipo en la Bundesliga que estaba por encima de los bávaros.
Esta temporada las cosas no marchan tan bien -el Dortmund acaba de perder el derbi en casa ante el Schalke y la ventaja que lleva el Bayern ya es de doce puntos- pero Klopp ha recordado que su equipo ha mostrado en el pasado capacidad para evolucionar y transformarse. En las temporadas anteriores, la asignatura pendiente fue Europa. En esta, las cosas parecen marchar mejor en el escenario europeo tras haber arrancado en la Liga de Campeones con una victoria ante el Ajax y un desafortunado empate a domicilio ante el Manchester City, en un partido en el que el Dortmund fue claramente superior.
Contra el Schalke, Klopp intentó un experimento fallido con una defensa de tres. Ante el equipo blanco, muy probablemente volverá a su habitual 4-5-1 y la preparación estará centrada sin duda en corregir todo aquello que en el último partido no se hizo bien

sábado, 16 de junio de 2012

Hormonas al ataque


Fútbol, hormonas al ataque

Afecta a las hormonas sexuales, a la neuroquímica del estrés y al estado de ánimo. El fútbol engancha, es un acto social ligado al origen del ser humano y al tribalismo porque aúna la recompensa de la caza con tres necesidades: defender un territorio, identificarse con un grupo y competir con otros

ES | 15/06/2012 - 09:15h
CERVELL DE SIS: EDUARD VIETA, FRANCESC COLOM, DAVID BUENO, DIEGO REDOLAR, ENRIC BUFILL, XARO SÁNCHEZ
El deporte rey mueve a millones de personas, como se está viendo este mes con motivo de laEurocopa y como sucede con cualquier gran partido. El último Barça-Madrid, por ejemplo, fue visto por más de 14 millones de espectadores en España, casi un 30% de la población española, y por unos 400 millones de espectadores en todo el mundo, el 5% de toda la población mundial.
Para hacernos una idea comparativa, la última edición de los Oscar consiguió reunir ante la pantalla a casi 40 millones de estadounidenses, lo que representa sólo el 13% de la población de ese país. Hay quien opina que el enorme interés y pasión que despiertan los deportes de equipo, especialmente el fútbol, son exagerados; que se trata de fenómenos acaparadores y mediáticos, y que el incombustible recital de fondo de los comentaristas deportivos los domingos por la tarde en la mayor parte de emisoras radiofónicas es realmente antipático. Sin embargo, lo cierto es que el fútbol gusta a mucha gente, mueve grandes sumas de dinero y despierta potentes emociones. No hay duda, constituye un gran espectáculo. ¿Por qué ese interés casi universal por el fútbol? Aparte de aspectos culturales que enfatizan la atracción que sentimos por este deporte espectáculo, ¿cuál es el origen básico de la pasión por las confrontaciones deportivas? ¿Qué le sucede al cerebro cuando uno juega o mira un partido?

Cambios en el cerebro y el resto del organismo El fútbol afecta a las hormonas sexuales, a la neuroquímica del estrés y de las emociones y al estado de ánimo. Las razones del éxito del fútbol son muchas, desde motivos culturales y económicos a puramente biológicos. De las razones económicas se habla especialmente durante las épocas de traspasos y fichajes. Y las razones culturales se restringen, posiblemente, a transmitir la preferencia por este deporte de equipo en lugar de otro potencialmente equivalente. Pero nuestra biología también promueve ese interés por los deportes de equipo, entre los cuales el fútbol es el rey en muchos países. Para empezar, durante los partidos los jugadores sufren cambios en los niveles sanguíneosde testosterona y otros andrógenos, unas hormonas sexuales predominantemente masculinas que, aparte de regular las funciones reproductoras y la conducta sexual, tienen un importante papel en la modulación de la agresión, entre otras muchas otras repercusiones sobre el organismo. Antes de la competición ya se da un ligero incremento de la testosterona y otros andrógenos, una reacción fisiológica anticipativa cuyo objetivo es preparar al organismo para que cuente con los recursos energéticos apropiados.

Las competiciones deportivas también afectan a los sistemas neurohormonales del estrés; la mayoría de jugadores reacciona con un aumento de cortisol antes y durante el partido, aunque en este caso al finalizar la contienda esta hormona vuelve progresivamente al nivel de base. En algunos estudios se ha observado que los deportistas de élite tienen niveles de cortisol más bajos, el cual tiende a disminuir a medida que transcurre la temporada deportiva, como si se fueran desestresando. Esto indica también que la constitución biológica de cada persona condiciona su éxito deportivo, no sólo el aspecto físico –fuerza, resistencia, velocidad, agilidad...– sino también el “mental”. En este sentido, se han relacionado diversos genes con el éxito potencial de los deportistas de élite. La mayoría afecta al metabolismo energético o a la constitución de las fibras musculares, pero también los hay implicados en funciones cerebrales. Finalmente, si ganan el partido, aumenta el nivel de serotonina, una sustancia que utilizan las neuronas para comunicarse y que promueve sensaciones satisfactorias, tanto de euforia como de aumento de la autoestima, entre otros efectos. Pero sin duda lo más curioso sea que los espectadores de los partidos también muestran estas respuestas neurohormonales, aunque en menor grado, respuestas que se acompañan de modificaciones en la activación de las áreas cerebrales relacionadas con la agresividad (como la amígdala cerebral) y las que modulan la misma, como la corteza cerebral prefrontal.

Instinto cazador ¿Por qué se dan estos cambios biológicos? La explicación reside, al menos en parte, en tres factores vinculados a la historia de nuestra especie. Uno, la conservación de caracteres juveniles en las personas adultas. Dos, nuestro largo pasado como cazadores recolectores y tres, el tribalismo.

Los seres humanos presentamos una serie de rasgos juveniles en la edad adulta, unas características que todos los demás primates vivos pierden durante la pubertad, como por ejemplo ciertos rasgos anatómicos como la forma redondeada del cráneo y la ausencia de arcos superciliares (por encima de las cejas); rasgos cerebrales, como una elevada plasticidad neuronal a lo largo de la vida en ciertas áreas de asociación, y rasgos conductuales, como la persistencia del juego y la curiosidad durante toda la vida. En este sentido, todos los mamíferos juegan durante la infancia, lo que les prepara para su supervivencia posterior, pero el ser humano es, de largo, el que más disfruta con el juego durante la edad adulta, así como con la curiosidad y con la exploración. Y el fútbol es, sin duda, divertido.
Además, los seres humanos y nuestros antepasados hemos vivido como cazadores recolectores por lo menos durante los últimos dos millones de años. La adaptación a la caza promovió en nuestra especie una “psicología de carnívoro” en la que el propio acto dedepredación se convirtió en sí mismo en satisfactorio y placentero y por ello atractivo a llevarlo a cabo y repetirlo (en psicología a este fenómeno se le denomina recompensa). Esta psicología está mediada por la activación del sistema de neurotransmisión dopaminérgico, el mismo responsable de las situaciones que proporcionan estados emocionales positivos. Cualquier propietario de perros o gatos ha tenido la oportunidad de observar cómo disfrutan dichos animales con el acto de depredación, aunque no suponga la obtención de alimento. En el ser humano, a pesar de nuestra elevada inteligencia y capacidad simbólica, siguen operando dichos mecanismos básicos. En este contexto, el sistema de caza de nuestros parientes más próximos, chimpancés y bonobos, recuerda a las estrategias que siguen los jugadores de un equipo deportivo. Si por ejemplo un grupo de chimpancés intenta cazar a un mono encaramado en un árbol, mientras uno de los machos empieza a subir al árbol donde se encuentra la presa potencial, el resto de los machos se coloca en los troncos y ramas de los árboles adyacentes, bloqueando cualquier escapatoria. Según el etólogo Desmond Morris, muchos deportes, tanto de tiro como de equipo, son sustitutos simbólicos de la caza, capaces de producir los mismos cambios neurohormonales. En el fútbol los jugadores persiguen una presa simbólica, la pelota, colaborando entre sí como un grupo de cazadores para conseguir un objetivo común, que en este caso no es capturar la presa sino marcar un gol en la portería contraria.

Además, esto sucede con independencia de la cultura de cada grupo humano, como demuestra un trabajo reciente en el que se han comparado los cambios de testosterona en hombres de EE.UU. cuando jugaban a fútbol con los de hombres tsimano, una etnia recolectora y agricultora del Amazonas boliviano, que no habían tenido contacto previo con este deporte. Se eligió a este grupo humano por un motivo muy concreto: su nivel de testosterona es mucho más bajo que el de las personas que viven en países industrializados, posiblemente porque un nivel alto de testosterona incrementa la susceptibilidad a padecer infecciones; y puesto que los hombres tsimano, por sus condiciones de vida, están más expuestos a los daños provocados por infecciones, este nivel más bajo de testosterona les proporciona una importante ventaja selectiva. Pues bien, en los jugadores de ambos grupos humanos la testosterona se incrementó un 30% mientras jugaban a fútbol, y se mantuvo un 15% más elevada durante un tiempo después de finalizar el partido. Estos incrementos puntuales de testosterona también son favorecidos por la selección natural, al conllevar beneficios en las funciones reproductoras y la conducta sexual, sin los peligros que entrañarían niveles altos de esta hormona, que haría aumentar la susceptibilidad a sufrir infecciones.

Instinto territorial: la ventaja de jugar en casa Todo lo dicho puede explicar, en parte, por qué disfrutan los jugadores. Pero, ¿cómo explicar el éxito de los deportes de pelota en general y del fútbol en particular entre los espectadores, que no participan directamente en el juego? Tal vez parte de la explicación resida en el tribalismo. Nuestra especie y las que la precedieron han vivido en pequeñas bandas o tribus, que competían entre sí. Tenemos una predisposición genética a la necesidad de pertenecer a un grupo e identificarnos con él porque ello aumenta las posibilidades de supervivencia (en comparación a si viviéramos solos). En el ser humano moderno, las tribus serían las naciones, grupos lingüísticos, grupos profesionales, ideologías, religiones y, también, equipos deportivos. De hecho, los equipos de fútbol suelen identificarse a menudo con una nación o comunidad y promueven la pertenencia a un grupo. Cuando los jugadores ganan, también lo hacen sus hinchas; cuando la testosterona y la serotonina de los jugadores aumentan tras la victoria, lo mismo les ocurre a sus seguidores, lo que acaba, por otros mecanismos también existentes en el cerebro ligados en parte con la empatía social, produciendo emociones satisfactorias compartidas, tanto de euforia como de autoestima.

En el lado opuesto, los individuos derrotados experimentan después del partido una disminución de testosterona y serotonina, y esas oscilaciones, aunque transitorias y relativamente breves, pueden durar varios días. Los mismos cambios neurohormonales se producen en circunstancias en que varía el estatus social, y se ha demostrado que en los animales están claramente asociados con el nivel de dominancia social dentro del grupo. De hecho, también los humanos enfatizamos a nuestros jugadores y los premiamos y situamos en lo más alto de la escala social. En conjunción con todos los anteriores cambios hormonales, transitorios, breves y menos evidentes en las mujeres, el estado de ánimo fluctúa. De todos es conocido que las victorias y las derrotas influyen mucho sobre el ánimo.
Este mismo tribalismo explica también la ventaja de jugar en casa, puesto que los jugadores del equipo local deben defender su territorio. Se ha detectado que los niveles de cortisol son más elevados en los jugadores locales que en los visitantes, lo que facilita que la energía necesaria para los músculos se movilice de forma más rápida. También aumenta la tasa respiratoria, se aceleran los latidos del corazón y aumenta la presión sanguínea para posibilitar un transporte del oxígeno y de los nutrientes con gran celeridad. De igual forma, los sentidos de los jugadores se agudizan, mejorando la atención y la capacidad para almacenar la información. En cambio, los jugadores del equipo visitante presentan valores inferiores de esta hormona, lo cual podría comprometer una adecuada movilización de los recursos energéticos que se tienen que implementar para solventar con éxito el partido. De forma añadida, los jugadores locales confían más en sí mismos, mientras que los jugadores que juegan fuera de casa muestran niveles de ansiedad más elevados, hechos que sin duda se traducen en el estilo de juego. De este modo, el dato estadístico de que los 1 salen más en las quinielas parece tener una explicación, en parte, neurobiológica. 

Mujeres, hombres y prensa rosa

La conexión del fútbol con el combate puede palparse atendiendo al sexo. Aunque las mujeres se han afiliado recientemente a la pasión futbolística, hasta hace poco era una afición más propia de los hombres, como cabe esperar por diferencias cerebrales que predisponen al hombre a más interés por el combate. Durante la infancia ya es palpable cómo los niños muestran más interés por el futbol que las niñas. Las mujeres se muestran interesadas en otro tipo de combates y estrategias.
Es posible afirmar que el fútbol se puede considerar desde el punto de vista fisiológico, un tipo delucha, aunque lúdica, ritualizada y reglada culturalmente. Así se obtienen resultados pero se evitan los desafíos excesivos y el derramamiento de sangre. Un combate ritual suavizado por las reglas, pero que no deja de ser un duelo derivado de los mismos sustratos biológicos de la agresión, implicados en los combates reales o los torneos, presentes en todas las culturas (también en los animales), y cuya expresión más sofisticada serían las confrontaciones dialécticas.
Los humanos aún precisamos de costumbres para medir fuerzas en combates ficticios y dar muestras claras del dominio o la importancia social y política que ocupa el grupo al que se pertenece. Por eso se contrata y se paga mucho por tener a los mejores competidores y se hace publicidad clara de sus aptitudes y cualidades para amedrentar a los contrincantes.
En nuestra cultura, el fútbol es el torneo por excelencia, aunque tenga intereses sociales añadidos y por eso también sea acogido con agrado por la prensa rosa. ¡Tenemos fútbol para rato!

sábado, 7 de abril de 2012

Francisco Pérez Rufete (1976) repasa su larga carrera en la que vivió de todo

Francisco Pérez Rufete (1976) repasa su larga carrera en la que vivió de todo: cantera, sufrimiento, éxitos, títulos y la mayor de las injusticias: el ERE del Hércules.
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Cuatro años ya con el título de entrenador
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Rufete
PERSONAJE - A FONDO
Nacimiento: 20/11/1976
Lugar: España
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Moisés Llorens | 08/04/2012
¿Se maneja en twitter?
No.

¿Y en facebook?
Tampoco.

¿Tiene usted agente?
No, ahora ya no.

Disculpe, pero usted parece no tener el perfil de un futbolista moderno.
Estoy en otras cosas.

¿Se acabó el fútbol?
Me siento con fuerza, pero hay situaciones que uno no puede llegar a controlar.

Comencemos por el final. ¿Cómo está lo del ERE con el Hércules?
Ese es un tema del que mis abogados no me permiten hablar. Prefieren que hasta que no acabe todo el proceso me mantenga en silencio.

Comprendido, pero, ¿sacó alguna conclusión?
El fútbol es un estadio, un balón, profesionales y los aficionados, el corazón de todo esto. No hay nada más. El resto son decisiones de otros y estamos a expensas de ellos.

¿Cómo llega al Barça?
Juan Carlos Pérez Rojo (futbolista del Barça en la década de los 80) trabajaba para el Barcelona. Un amigo suyo que colaboraba para el Madrid tuvo la indiscreción de decirle que iba a ver a un niño de Benejúzar (Alicante). Él no perdió el tiempo y vino. Repitió hasta el punto de que habló con mis padres y de un día para otro me hicieron la maleta.

Menudo cambio.
Aquello era impresionante. Coincidí con futbolistas de categoría mundial. Iniesta, Pepe Reina, Valdés, Xavi, Puyol

¿Estudió?
Tras sacarme la selectividad probé en INEFC, pero fue incompatible. La vida en el Barça era estudiar y jugar.

Hubo selección natural.
Era imposible que todos jugásemos allí, pero pude debutar en el primer equipo.

¿Recuerda cuándo?
En Riazor. Una semana después de que echaran a Cruyff.

Vaya.
Había tenido la suerte de entrenar con él. Tanto que dejó preparada una la lista de canteranos que debían hacer la pretemporada.

¿Con Robson?
Y con Mourinho a su lado. Robson era un genio de persona. Aunque muchas veces no entendías lo que te decía, sólo con su expresividad te acababa convenciendo.

¿Y Mou traducía?
Nos ayudó mucho. Robson era capaz de hablar media hora y Mourinho lo resumía en 15 segundos. Él aprovechaba para aprender todo lo que es y muestra ahora.

¿Lo volvió a saludar?
La temporada pasada, cuando el Madrid visitó el Rico Pérez. Nos abrazamos. Me preguntó qué cómo me iban las cosas. Fue muy amable. Recordamos anécdotas del pasado y que después de 15 años estábamos aún dando tiros.

Dice que debutó en Riazor, ¿jugando con Guardiola?
El día que Pep hizo un gol de falta de medio campo.

¿Lo veía ya entrenador?
Guardiola encarnaba todo lo que era llegar al Barça iniciándose desde La Masia. Como técnico es un adelantado.

¿Le dio pena no seguir?
La oportunidad me llegó en un momento complicado. Los canteranos estábamos muy identificados con Cruyff.

¿Y entonces?
Fui a Toledo. Sergio Egea, que era el técnico, me aseguró minutos. Allí aprendí a sobrevivir. Al final de la temporada el Barça me repescó y vendió la mitad del pase al Mallorca.

Ahí no fue tan bien
Tuve mucho tiempo para pensar y valoré si merecía la pena estar lejos de casa. No estaba integrado, no tenía minutos y, además, mi padre tuvo un problema de salud.

¿Cúper era el técnico?
Sí. Me sorprendió que hicieran una apuesta por mí a nivel del club, pero el míster no me quería y eso lo entendí.

Y apareció el Málaga.
Me llamó Joaquín Peiró. El equipo iba quinto y la opción era buenísima.

¿Qué aprendió de Peiró?
Los valores que tenía simplemente eran excelentes.

Siempre se dijo que en aquel equipo había buen ambiente.
Recuerdo un día que metimos a Movilla en la habitación de Peiró vendado de arriba abajo. Costó hacerlo, pero lo reducimos y le tapamos la boca. Luego lo entramos en la habitación de Peiró y lo dejamos tirado encima de la cama. Movilla solo gemía.

¿Y el míster?
Gritaba, ¿quién anda ahí? y cuando lo reconoció espetó: ¡Movilla, qué hace usted ahí! Estábamos muertos de risa y oíamos como le decía: '¡Estos ca... que me vendaron!'

Y ascendieron.
Después de 12 años el Málaga volvió a la Élite. Lo hicimos de manera responsable, pero pasándolo bien. Otro día Movilla compró globos de agua para atar al preparador físico a un árbol y tirárselos desde el balcón del hotel. Lo que no sabía es que Edgar lo ataría también a él y Movilla acabó empapado. Tras el ascenso, el Málaga invirtió 300 millones de pesetas (1,8 millones de euros) a repartir entre el Barça y el Mallorca.

Allí llegó a ser internacional y el Valencia anunció el pago de 1.200 millones de pesetas (7,2 millones de euros).
Pude jugar con la Roja cinco veces de la mano de Camacho. Debuté en Barcelona ante Italia (2-0). Lo que más recuerdo fue que nada más salir al campo Maldini me atizó. No sabía quién había sido, pero al ver su melena entendí que había sido él y sería la patada más dulce de mi toda mi carrera.

En Mestalla triunfó.
Me costó un tiempo. Mendieta había sido vendido a la Lazio y se me colgó el cartel de ser su relevo. En Valencia hicimos historia y nos pudimos imponer a la voracidad del Madrid y del Barcelona, que no andaba muy bien por aquella época.

¿Le sorprendió Benítez?
Sí. Fue pionero en las rotaciones y era muy ordenado. Nos aportó mucho en el aspecto psicológico. Además, en las sesiones era cercano. Se sentía futbolista e incluso se metía en los rondos. La tocaba muy bien.

Pues estuvo a un plis de ser despedido.
Una noche de sábado, en Montjuïc, perdíamos 2-0 al descanso. Nos llegaron voces de que Benítez estaba fuera del equipo. Lo remontamos.

Con dos goles suyos.
Sí. La sensación en Valencia era rara. No entendían que llegaran tan lejos en las competiciones y no se ganara. Había sucedido con las dos finales de Champions. Entre todos pudimos cambiar las cosas.

¿Sabe lo que es un Ushiro-Nage?
(Ríe). Claro, como para no acordarse. ¡Qué partido en el Bernabéu! Nos pitaron un penalti en contra en el minuto 92, después de adelantarnos en el 78' (gol de Ayala) y de que a Illie le anularan un tanto en el arranque a pase mío. Acabamos ganando la Liga.

¿Qué recuerdo siempre irá con usted de esa etapa?
El de Españeta, utillero del Valencia. Un trozo de pan. Me confesó que creía que nunca vería algo así. Cuando entrene trataré siempre de tener uno como él a mi lado. Fue vital para nosotros. Después de un entrenamiento lo agarramos para tirarlo a la piscina. Se agobió tanto que necesitó asistencia médica, algo que nos asustó a todo.

¿Su balance de títulos?
Dos Ligas, una UEFA y una Supercopa de Europa. El Valencia ya era un modelo de club y de equipo. Rafa Benítez plantó el 4-2-3-1 con gente por fuera con pivote defensivo y otro organizador.

Pero la Supercopa de Europa la ganaron con Ranieri.
De Claudio también tengo un recuerdo buenísimo. Tras caer eliminados ante el Steaua, fue fulminado. No esperaron ni a llegar a Valencia y en el aeropuerto de Bucarest nos enteramos por la prensa que lo relevaba Antonio López.

Le acusaron en Valencia de tener un enfrentamiento con Quique Flores en Cádiz.
Se refiere a lo que sucedió en los vestuarios del Carranza. Fue la reacción a una serie de cosas que habían sucedido y que se debían quedarse en el vestuario aunque alguien se apresuró en explicarlo.

¿Se puede saber quién?
No tuve la oportunidad aún de poder decírselo a la cara, pero es cuestión de tiempo. Cuando lo haya hecho, ya se lo explicaré.

¿Golpeó una puerta?
Sí, eso es verdad.

Y eso de darle el pase de gol a Tamudo con la zurda, ¿fue traicionar a los orígenes?
Para nada. Había pasado mucho tiempo desde que me fui. Lo celebramos y ya está.

Fue generoso con el delegado del Hércules.
Lo he intentado ser con todos los empleados de los clubes para los que jugué. Recuerdo a Carmelo, en el Espanyol o a su delegado, José María Calzón. Pero sí, a Ángel Linares le compré un traje y sus complementos cuando ascendimos a Primera. Se lo merecía.

¿Qué daría usted por jugar esta noche en el Bernabéu?
No lo sé, pero si tuviese una máquina del tiempo retrocedería unos años. No lo dude.

Cuatro años ya con el título de entrenador
Rufete siempre fue un chico inquieto. Tanto que siendo jugador decidió comenzar a sacarse la licencia para poder ser entrenador. Le ofrecieron, al ser futbolista profesional de elite, poder hacer un curso express de unas semanas, pero su decisión fue clara desde el primer momento. "Aprovechaba las tardes libres en Valencia para ir a la sede de la Federación Valenciana, en Cheste, para comenzar a estudiar. Lo tenía muy claro. Una vez salí de Mestalla y me fichó el Espanyol, solicité el cambio de expediente, por lo que acudía al CAR de Sant Cugat, donde conocí a mucha gente interesada en el mundo del fútbol. Fueron cuatro años bonitos que acabaron de formarme, además de todo lo que había ido aprendiendo en mi carrera. Me quiero sentar en los banquillos, claro, para eso lo hice. Espero seguir formándome para cuando la oportunidad sea ya una realidad".